79° El precio del heredero.
Pude ver cómo la palidez del rostro de Santiago contrastó con la expresión de miedo que se pintó en su cara cuando clavó sus ojos en los míos.
No pude sostenerle la mirada; prácticamente entendía lo que el muchacho me estaba diciendo de una forma indirecta, enjuiciada. Podía escuchar sus palabras decir: cómo te dejaste embarazar de un hombre tan peligroso. O tal vez eran mis propias palabras las que rebotaban en mi cabeza, acechándome.
Sabía que era terriblemente peligroso, sabía que era una de