62° El regreso.
Me observé a mí misma, mis manos, la ropa que tenía en ese momento. Me pareció que no estaba bien presentada: tenía un vestido oscuro, casual, que había usado en la mañana en la reunión. Mi corazón comenzó a acelerarse; ni siquiera sabía por qué, tenía un poco de miedo. Pero Mauricio estiró su mano y la apoyó sobre la mía.
— No te preocupes, todo está bien.
— ¿Qué se supone que debo decir? — le pregunté.
Pero entonces Mauricio negó.
— No tienes que decir nada si no quieres. Solamente presén