63° La incubadora.
Era una mujer alta, perfectamente vestida en un escote que dejaba ver perfectamente sus enormes dos pechugas naturales, que se movieron mientras entraba a la habitación ignorando mi cara de frustración.
— ¿Qué diablos estás haciendo aquí? — le pregunté, aunque yo no necesitaba hacer esa pregunta. Sabía perfectamente quién era la mujer que estaba ahí frente a mí.
Era la mujer que Mauricio había escogido para que engendrara a su hijo, la que había sido inseminada por él, la que había despertado