49° El faro.
La bolsa en la cabeza me impedía ver el camino que habíamos tomado. Sabía que aquel hombre le estaba haciendo solamente por intimidarme. Porque, de todas formas, ¿tampoco es que yo supiera dónde estábamos, aunque pudiera ver? Y el viaje fue largo; duró al menos una hora.
Incluso comenzaba a sentirme mareada por el movimiento de la camioneta. Tenía mi mano puesta en el cuello de Michael; su pulso era muy lento. Seguía inconsciente.
— ¿También va a matarlo? — pregunté después de ese largo rato.