30. El peso de la despedida.
Me quedé sola en la cama, desnuda, mientras Mauricio se sentaba nuevamente en la ventana.
— ¿Entiendes? — preguntó nuevamente — . Ahora entiendes que tienes que irte, y quiero que lo hagas. Ya no hay más consideraciones, Astrid. Olvida tu venganza, encuentra otra forma de darle significado a tu vida.
— Sí, pero Brian va a seguirlo haciendo. Va a seguir abusando de su poder, usando mujeres. Él va a seguir.
— Eso es mi problema — dijo con seguridad sin mirarme — . Yo voy a encargarme de que