29° La última promesa.
Estaba cansada. Siempre había odiado que me dijeran qué hacer; era una especie de trauma que me tenía atrapada, que me tenía prácticamente amarrada, atada de manos.
— Déjame pensarlo — le repetí dándole la espalda.
Pero Mauricio se acercó a mí y me agarró por los hombros.
— No tienes tiempo para pensarlo, Astrid. Quiero que lo hagas ahora. Quiero que empaques tus cosas y te vayas.
Comenzó a girarme lentamente hasta que lo vi directo a los ojos, esos ojos azules brillantes.
— De verdad no pu