130° El hijo que no debía existir.
Michael no pensó.
No evaluó.
No midió consecuencias.
Simplemente corrió.
El aire le golpeaba el rostro mientras atravesaba el pasillo, bajaba las escaleras y cruzaba la puerta principal como si todo su cuerpo estuviera programado para una sola cosa: alcanzarlo.
Santiago.
El nombre se repetía en su cabeza como un latido descontrolado.
Afuera, el patio estaba en caos contenido. Algunos hombres se movían, otros miraban en distintas direcciones, pero ninguno parecía tener una respuesta clara.
— ¡¿