129° La sangre que no eliges.
El aire en la habitación cambió en un segundo.
Mauricio no dudó.
Se incorporó de golpe, como si el cuerpo reaccionara antes que la mente, y le arrebató el teléfono a Michael sin siquiera pedirlo.
— ¿Quién habla? — exigió, llevándose el dispositivo al oído.
Su voz ya no tenía rastro de sueño. Era firme. Cortante.
Al otro lado hubo un breve silencio, seguido de una respiración agitada.
— Señor… — respondió la voz — . Soy parte del equipo de seguridad del joven Brian.
Mauricio cerró los ojos u