115° Íntimo.
Michael empujó la puerta con el pie, sosteniendo la bandeja con una sola mano, equilibrando el peso con la precisión de alguien acostumbrado a moverse en espacios incómodos sin hacer ruido.
No tocó.
Nunca lo hacía.
— Levántate, príncipe — murmuró, con ese tono seco que podía sonar a burla o a costumbre, dependiendo de quién lo escuchara.
Pero no hubo respuesta.
Frunció ligeramente el ceño.
La habitación estaba en penumbra. La luz apenas se colaba por una rendija de la ventana, dibujando línea