116° Carnada.
No recuerdo en qué momento exacto dejé de sentirme dueña de mi propia vida.
Tal vez fue cuando salí de mi país.
Tal vez cuando decidí vengarme.
O tal vez cuando me enamoré del hombre equivocado.
Estaba sentada en la cama, con las manos apoyadas sobre mi vientre, intentando encontrar algo de calma en medio del caos, cuando la puerta se abrió sin previo aviso.
—No vas a creer lo que acabo de ver —dijo Mauricio entrando, con un tono inusualmente ligero—. Creo que acabo de interrumpir una escena di