Eliot manejaba a toda velocidad por la ciudad, con el corazón desbocado y los nudillos blancos de tanto apretar el volante. El teléfono sonaba en altavoz mientras intentaba contactar a Carolina por enésima vez.
"El número que usted marcó está apagado o fuera del área de servicio."
La desesperación se clavó en su pecho como una garra afilada.
—¡Maldición, Carolina, contéstame! —gruñó, golpeando el volante con furia.
Desde la noche anterior, había estado buscándola sin descanso. No había señales