Axel salió del edificio con Carolina en brazos, su respiración acelerada y su corazón desbocado. No podía perderla. No ahora.
—¡Llamen una ambulancia! —gritó a los guardias que esperaban afuera.
Uno de ellos sacó su radio y pidió asistencia médica de inmediato. Mientras tanto, Axel la subió a su coche y presionó un pañuelo contra la herida en su costado, tratando de detener la hemorragia.
—No me hagas esto, Carolina… —murmuró, con los dientes apretados.
Ella apenas abrió los ojos, pero no pudo