Tatiana caminaba de un lado a otro en la amplia habitación de la mansión, su mente ardiendo de furia. La luz de la luna se filtraba por los ventanales, proyectando sombras alargadas sobre las paredes decoradas con elegancia. En su mano derecha, su teléfono temblaba. Acababa de recibir unos audios que le habían quitado el aliento.
—No puede ser… —susurró, sintiendo cómo su piel se erizaba.
El remitente de los audios era un número desconocido. Al principio pensó que sería algún error o una broma