Carolina retrocedió de inmediato, su corazón martilleando con fuerza en el pecho. La expresión de Axel se había transformado en algo más oscuro, más peligroso.
—No te atrevas… —advirtió con la voz quebrada, intentando sonar firme, aunque el miedo se deslizaba por cada palabra.
Axel sonrió de lado, esa sonrisa cruel que siempre usaba para ocultar lo que realmente sentía. Dio un paso hacia ella, y luego otro más, acortando la distancia que Carolina intentaba mantener.
—¿Por qué? —susurró—. ¿Acaso