Axel seguía sentado a mi lado, sujetando mi mano entre las suyas como si temiera que pudiera desvanecerme en cualquier momento.
Lo miré en silencio, sintiendo esa extraña mezcla de vacío y calidez.
No recordaba su rostro, no recordaba su voz…
Y, sin embargo, algo en mí se aferraba a su cercanía, como si mi corazón sí supiera quién era él, aunque mi mente no pudiera alcanzarlo.
—¿Me puedes contar más sobre nosotros? —le pedí, mi voz apenas un susurro.
Vi cómo una sombra pasaba por sus ojos, pero