Carolina y Eliot salieron de la recepcion en silencio. La noche era fresca, pero ella sentía que apenas podía respirar. Eliot encendió el auto y lo puso en movimiento sin decir palabra. La ciudad pasaba en destellos de luces y sombras, pero Carolina apenas la notaba. Su mente estaba atrapada en un torbellino de emociones, entre el dolor, la confusión y una rabia contenida que amenazaba con consumirla.
El silencio en el auto se hizo denso, incómodo. Eliot parecía concentrado en el camino, pero h