La recepción estaba en su punto álgido. La música vibraba en el aire, las copas chocaban en brindis constantes, y las risas resonaban por el salón iluminado con luces doradas. Tatiana sonreía, con la felicidad reflejada en cada uno de sus gestos. Su vestido blanco resplandecía bajo las lámparas de cristal, y en su mano, la copa de champagne no dejaba de elevarse para recibir las felicitaciones de los invitados.
Axel, en cambio, parecía estar en otro mundo. Su expresión era sombría, y aunque for