Después del desayuno, Axel dijo que tenía que encerrarse un rato en el despacho para adelantar algunos asuntos importantes. Me besó la frente con suavidad y se despidió de Diana con una caricia en el cabello, prometiéndole que más tarde jugaría con ella en el jardín si terminaba a tiempo.
—Disfruten el sol, mis amores —nos dijo antes de desaparecer por el pasillo.
Yo tomé la mano de Diana y juntas salimos al jardín. El aire estaba tibio, la brisa movía las hojas con una suavidad que daba gusto