El auto frenó frente a la reja. Caminé los últimos pasos con el abrigo colgando del brazo y la mente envuelta en un silencio que no dolía. El jardín lucía ordenado, como siempre. Las flores recién regadas, las luces encendidas antes del anochecer. El mundo seguía en su lugar. Yo también, aunque algo en mí había cambiado.
Entré sin anunciarme. Greta me saludó con una sonrisa y me informó que Alana aún no había regresado. Agradecí en voz baja y subí los escalones hasta el salón principal.
Subí di