Cassian estaba mirándome, apoyado sobre un codo, mirándome con una expresión suave que no esperaba después de lo ocurridor.
—Olivia —empezó, su voz ronca y un poco incómoda—, quiero pedirte disculpas por haber sido tan rudo. Ahora, con la cabeza fría, me siento como un idiota.
Sonreí, sintiendo que se me derretía el corazón. Sin pensarlo, me lancé sobre él y lo cubrí de besos. Primero en los labios, luego en las mejillas, hasta que él comenzó a reír entrecortado.
—¿Sabes qué? —le dije con una s