Mundo ficciónIniciar sesiónBerenice Arrabal se recuesta en su silla ergonómica, con el ceño ligeramente fruncido. Frente a ella tiene una carpeta con los bocetos de ambas diseñadoras: el de Ravenna Drayle y el de Lia Rowan. Pasa los dedos por la textura del papel, pensativa. Mariana, su asistente, se mantiene de pie a un costado del escritorio, tomando notas en su libreta digital.
—Si no hubiese visto el diseño de Lia Rowan esta mañana —dice Berenice, con una sonrisa apenas perceptible—, habría elegido sin dudar el de Ravenna. Su trayectoria y popularidad son innegables.
Mariana asiente sin dejar de escribir.
—Es cierto, señorita, pero el diseño de la señorita Rowan es realmente impresionante. Tiene talento, eso no se puede negar. Nunca había visto algo tan elegante y a la vez tan sobrio. Además, llenó la solicitud hace menos de una semana, mientras que la señorita Drayle lo hizo hace dos meses, con mucho más tiempo para preparar su propuesta.
Berenice levanta la mirada hacia su asistente.
—Sí, eso también lo pensé. Aunque tengo mis dudas. Ravenna tiene un nombre que proteger. Si algo sale mal con una diseñadora sin experiencia, la crítica caerá sobre nosotras.
—Lo sé —responde Mariana—, pero a veces vale la pena arriesgarse. Si busca algo diferente, algo que la haga destacar… Lia Rowan es la indicada.
Berenice sonríe con un gesto breve. Su ceremonia de compromiso será un evento gigantesco, organizado por su familia desde hace meses. Habrá cámaras, prensa, políticos, empresarios y toda la alta sociedad. No puede permitirse un error, pero tampoco quiere pasar desapercibida.
—Está bien —dice finalmente—. Lo pensaré unos días. Luego avisaremos a la elegida.
Mariana asiente y anota algo más antes de retirarse del despacho.
Lo que ninguna de las dos nota es que, justo afuera, una joven empleada de la mansión ha estado escuchando parte de la conversación. Al oír el nombre de Lia, sus ojos se agrandan. Se muerde el labio, duda por un segundo, pero finalmente se da la vuelta y sale corriendo por el pasillo lateral, en dirección a la puerta de servicio.
Allí, como habían acordado antes, la está esperando Elena, la asistente personal de Ravenna Drayle.
—¿Y bien? ¿Qué escuchaste? —pregunta Elena con impaciencia.
La joven jadea por la carrera.
—La señorita Arrabal estaba elogiando el diseño de Lia Rowan. Según lo que escuché, parece que van a elegir el de ella.
—¡¿Qué?! —exclama Elena con incredulidad, su rostro está enrojecido por la rabia—. ¡Eso es imposible!
Sin perder tiempo, saca un billete de su bolso y se lo da a la empleada, que lo toma con nerviosismo y desaparece de inmediato por la salida lateral. Elena respira hondo, intenta calmarse y se dirige al estacionamiento, donde Ravenna la espera.
Ravenna está sentada en el asiento trasero del auto, revisando su celular. Levanta la vista apenas la ve llegar. No necesita que Elena diga nada; puede leer la respuesta en su rostro contrariado.
—¿Lo hace por venganza? —pregunta Elena mientras se sienta junto a ella.
Ravenna aprieta la mandíbula.
—Tal vez. Pero no se lo voy a permitir. Esa estúpida campesina no puede competir conmigo. Ni por el trabajo, ni por Axel.
Saca su teléfono de inmediato, marcando el número que conoce de memoria. Elena la observa con cierta preocupación.
—Ten cuidado con lo que dices —advierte—. No queremos que el comandante piense mal de ti. Lo necesitamos más que nunca.
Ravenna asiente con una calma forzada.
—No te preocupes. Sé perfectamente qué decirle sin sospechar que lo estoy manipulando.
Cuando Axel contesta, su voz suena grave y cansada.
—¿Qué sucede?
Ravenna se toma unos segundos antes de hablar, modulando su tono para sonar vulnerable. De pronto, su voz se quiebra ligeramente.
—Axel… estoy muy triste —dice entre sollozos—. Perdí la licitación de la familia Arrabal. Trabajé durante dos meses en ese diseño, noches enteras sin dormir, incluso tuve que medicarme por la ansiedad, y ahora todo se fue a la basura. Al parecer, eligieron otro diseño para su compromiso.
Axel guarda silencio al otro lado. Ravenna aprieta el celular con fuerza.
—No sé qué más puedo hacer —continúa ella—. Di todo de mí y, aun así, lo pierdo todo. Tal vez no soy lo bastante buena. Mi familia está condenada al fracaso.
Su voz tiembla, pero sus ojos permanecen fríos. Sabe perfectamente lo que hace. Cada palabra está calculada. Siembra la semilla de la duda en Axel, una duda que apunta directamente hacia Lia Rowan sin que él lo sepa.
Elena la mira en silencio, consciente de que lo que viene no será bonito. Ravenna Drayle no conoce límites cuando se trata de ganar.
—¿Otro diseño? —Axel frunce el ceño mientras sostiene el teléfono junto a su oído—. ¿Estás segura, Ravenna? Pensé que ya habías sido elegida.
—Eso creí yo también —responde Ravenna con voz temblorosa—. No sé qué pasó, Axel. Ya sabes que no tengo mucho contacto con los Arrabal, así que no me animé a preguntar más.
Axel se queda en silencio unos segundos, pensativo. Ravenna Drayle es la referente en moda de Villeroy. Ninguna diseñadora local tiene su nivel de reconocimiento ni sus contactos. No entiende cómo alguien podría haberla descartado.
—No te preocupes —dice al fin—. Benedict Arrabal es mi socio. Preguntaré qué sucede. Tal vez es solo un malentendido.
—Gracias, Axel —responde Ravenna con una voz dulce, cargada de falsa gratitud—. La verdad, no sé qué haría sin ti. Eres mi ángel.
Cuando la llamada termina, Ravenna baja el teléfono lentamente y se seca las lágrimas que había fingido con tanta precisión. Luego, su rostro cambia. Una sonrisa arrogante se dibuja en sus labios mientras mira a Elena.
—Listo —dice con satisfacción—. Solo hay que esperar a que Axel hable con el padre de Berenice.
Elena sonríe, igual de complacida.
—Tener al comandante Storme de tu lado es una ventaja enorme, Ravenna. No todos pueden presumir de eso. No debes desaprovechar la oportunidad. Ahora que Lia está fuera de su vida, el camino es completamente tuyo.
Ravenna se inclina hacia atrás en el asiento, relajada, cruzando las piernas con elegancia.
—En eso estoy, Elena —responde con una sonrisa confiada—. Todo a su tiempo. Axel no es tan fácil de convencer. A pesar de todo, es leal hasta los huesos.
Martín, el chofer de Axel que la había traído hasta la mansión Arrabal, observa la escena desde el retrovisor. Hace una mueca de desprecio sin poder evitarlo. No es asunto suyo, pero le resulta inconcebible cómo el jefe —un hombre tan inteligente y sereno como Axel— puede caer en los juegos de una mujer tan calculadora como Ravenna. Lia, en cambio, siempre fue distinta: reservada, sencilla, genuina. Él no dirá nada, claro, pero no deja de pensarlo mientras pone en marcha el auto.
Axel, mientras tanto, se encuentra en la capital, terminando una serie de reuniones con representantes del gobierno. Apenas llega a su hotel, se quita la chaqueta, se sirve un vaso de whisky y marca el número de Benedict Arrabal.
—Mi gran amigo Axel, el nuevo comandante —resuena una voz cálida al otro lado de la línea—. ¿A qué debo el honor de tu llamada?
Axel sonríe apenas.
—Benedict, me alegra escucharte. Supe que tu hija menor tendrá su ceremonia de compromiso dentro de unas semanas y que está buscando un diseño nacional para esa ocasión.
—Así es —responde Benedict—. Berenice está muy entusiasmada con el evento.
—Me encantaría poder darle el vestido como regalo de parte de la familia Storme —dice Axel con firmeza—. El diseño de Ravenna Drayle es excepcional y merece lucirse en una fecha tan importante.
Al otro lado de la línea, Benedict guarda silencio unos segundos. Axel percibe la duda en su respiración.
—La elección del vestido está completamente a cargo de mi hija —explica finalmente—. Ya sabes cómo son las mujeres en estos temas: muy cuidadosas, celosas de su estilo. Tengo entendido que está considerando a otra diseñadora, pero puedo hablar con ella. Tal vez logre que reconsidere.
—¿Harías eso por mí? —pregunta Axel.
—Por supuesto. Te avisaré en cuanto tenga una respuesta.
Axel agradece y cuelga, confiado. Está seguro de que Benedict sabrá cómo convencerla. Después de todo, su palabra tiene peso dentro de la familia Arrabal.
Horas más tarde, el celular de Ravenna vibra sobre la mesa. Es un mensaje de Elena, con una sonrisa enorme dibujada en los labios mientras lo lee:
“Berenice Arrabal ha convocado a ambas diseñadoras de nuevo. Harán una nueva evaluación, esta vez con toda la familia presente. Darán el veredicto final allí mismo.”
Ravenna deja el teléfono a un lado y su expresión se endurece.
—Perfecto —dice en voz baja—. Si quiere competencia, la tendrá. Pero no pienso perder.
En su mente, el concurso por el diseño del vestido se ha convertido en algo mucho más personal: una revancha contra Lia Rowan. Antes ella le quitó a Axel, ahora piensa recuperarlo todo.
Axel se está preparando para la cena con los empresarios locales antes de volver a casa. No imagina que, con esa simple llamada, acaba de abrir una batalla aún más grande entre dos mujeres que compiten no solo por un vestido.
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