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Capítulo 7. Un desafío enorme

Han transcurrido dos días y Lia no ha recibido ni un solo mensaje ni llamada de Storme Helix Group. Ni siquiera un correo. Ese silencio absoluto la golpea más de lo que quiere admitir, pero se obliga a no mostrarlo. Decide enfocarse por completo en su trabajo, en recuperar lo que había dejado abandonado durante años.

Está absorta en un pedazo de tela de encaje que compró para una muestra, pensando en cómo podría utilizarlo, cuando Yvy irrumpe corriendo en la habitación con el rostro iluminado de emoción.

—¡Lia, no vas a creerlo! —exclama, casi sin aliento—. Tenemos un posible cliente.

Lia alza la vista, sorprendida, todavía sosteniendo la tela entre sus manos.

—¿Qué?

—Sí —responde Yvy, entregándole una carpeta gruesa—. Es para una de las herederas de la familia Arrabal. Pronto será su ceremonia de compromiso y está viendo opciones para elegir entre los diseñadores nacionales. Llené la solicitud para ti. ¡Es el momento que estábamos esperando!

El corazón de Lia da un vuelco. Abre la carpeta y empieza a revisar la información: medidas, gustos, imágenes de referencia, anotaciones. El proyecto es ambicioso. Si logra conseguirlo, sería un gran impulso económico y un reconocimiento en la industria. Sin embargo, no puede evitar fruncir el ceño.

La heredera es Berenice Arrabal. La conoce de nombre; todos en la ciudad la conocen. Su estilo es impecable, siempre vestida con piezas exclusivas de diseñadores internacionales. Convencerla de usar algo diseñado por alguien local, alguien que recién retoma su carrera, no será nada fácil.

—Es un desafío enorme, Yvy —murmura Lia—. Ella es demasiado exigente.

—Lo sé, pero ¿te das cuenta de lo que significa? —Yvy insiste, con la mirada expectante—. Si la conquistas, si logras que lleve un vestido tuyo, tu nombre empezará a sonar en los círculos. Será un impulso gigante.

Lia guarda silencio por unos segundos. Siente el peso de la decisión, pero también una chispa de ilusión que no quiere apagar. Levanta la mirada con determinación.

—Lo haré.

Yvy sonríe, satisfecha.

Los siguientes tres días y noches son agotadores. Lia apenas duerme. Entre telas, bocetos y pruebas, se entrega al diseño con una dedicación absoluta. Cada puntada, cada trazo, cada elección de tela están pensados hasta el mínimo detalle. Al final, con ojeras marcadas pero con la satisfacción de haber cumplido, siente que su esfuerzo tiene un resultado digno para ser presentado.

El día de la muestra llega demasiado rápido. Lia está nerviosa. La reunión con Berenice Arrabal es en su mansión y sabe que no puede permitirse ningún error.

El auto de Yvy se detiene frente a la imponente residencia media hora antes de la cita. El edificio luce majestuoso, con columnas blancas y un portón que parece sacado de otro mundo.

—Iré a estacionar. Entra primero —le dice Yvy.

Lia asiente y baja con su maletín y algunas carpetas bajo el brazo. Ajusta su saco, toma aire y se encamina hacia la entrada principal. Pero, antes de llegar, un auto negro de alta gama se detiene a pocos metros de ella. Su corazón se detiene un segundo. Conoce demasiado bien ese auto. Lo usó incontables veces durante los últimos tres años.

La puerta trasera se abre y de allí desciende Ravenna, impecable como siempre. Viste un conjunto elegante en tono rojo, lleva gafas oscuras y su expresión es de seguridad absoluta. A su lado, una joven la sigue, seguramente su asistente personal. Lia aprieta los labios con frustración. Ahora Ravenna usa el auto de Axel como si fuera suyo.

¿Por qué tenía que cruzársela justamente hoy?

Lia decide ignorar la escena y apresura el paso hacia la entrada. En ese instante, Yvy aparece a su lado, después de estacionar el auto.

—Entremos. La señorita Arrabal ya nos está esperando —dice con voz firme.

Lia asiente en silencio y se deja guiar.

Un guardia las acompaña hasta un amplio salón. Allí se harán las muestras y Berenice decidirá qué vestido usará para su ceremonia de compromiso.

Lia coloca su maletín sobre la mesa, respira profundo y empieza a preparar sus cosas. Sus manos tiemblan apenas, pero se obliga a mantener la compostura. Esta oportunidad puede marcar el inicio de la vida que tanto anhela.

En ese momento, Ravenna también entra al salón. Un murmullo generalizado se extiende entre los empleados de la mansión, que no tardan en acercarse para saludarla. Todos parecen encantados de tenerla cerca; algunos incluso le piden una foto o la felicitan por su reciente aparición en una revista internacional.

Lia e Yvy se miran en silencio. Aquella atención solo confirma lo que ya sabían: Ravenna Drayle no solo tiene contactos, también tiene una influencia social que pesa demasiado en cualquier decisión. En especial ahora, con la noticia de su relación con el nuevo comandante.

Ravenna avanza con paso seguro; su figura impecable acapara las miradas. Pero cuando sus ojos se cruzan con los de Lia, su expresión cambia un instante, se ensombrece. De inmediato, como si nada hubiera pasado, recupera su sonrisa pulida y sigue adelante. Se inclina hacia su asistente, le dice algo al oído y ambas ríen en voz baja. Es evidente que se están burlando de Lia y de Yvy.

Para Ravenna, todo está claro. Que Lia se presente en ese lugar no es más que un acto desesperado. Competir contra ella es ridículo. En su mente, el diseño ya le pertenece por derecho propio. La heredera Arrabal jamás arriesgaría su reputación confiando en una desconocida.

Yvy nota las miradas maliciosas de Ravenna y abre la boca para replicar, pero Lia le toca el brazo, pidiéndole silencio con un gesto firme. No vale la pena rebajarse a una discusión antes de la presentación.

Las miradas de Lia y Ravenna se cruzan de nuevo. Esta vez Lia no desvía los ojos, los sostiene con calma. Ravenna, en cambio, le devuelve una sonrisa de suficiencia.

En ese instante, las puertas del salón se abren y entra Berenice Arrabal. Su sola presencia impone silencio. De porte elegante, vestida con un sencillo vestido de seda, camina hasta el centro del salón. Su asistente personal, con una tableta y varias carpetas en mano, anuncia que el diseño de Lia será el primero en presentarse.

Lia traga saliva, se levanta y da un paso al frente. Con movimientos medidos, despliega su carpeta y comienza a explicar su propuesta. Habla de los materiales, de los cortes, de los detalles únicos que ha pensado para una ocasión tan importante. Expone también los tiempos de elaboración y cómo cada pieza será trabajada con el máximo cuidado.

Berenice escucha con atención, interrumpiéndola en varias ocasiones con preguntas concretas: sobre el tipo de bordado, la caída de la tela, los accesorios que podrían acompañar el conjunto. Lia responde con seguridad, aunque por dentro el corazón le late con fuerza.

Yvy aprovecha los momentos oportunos para resaltar el talento de su amiga, recordando que ya ha trabajado en colecciones, aunque de manera discreta. Berenice parece cada vez más interesada, lo que enciende una chispa de esperanza en Lia.

—Lia, este diseño es maravilloso —dice finalmente Berenice, sonriendo—. Me encanta. En caso de que me decida por tu propuesta, te llamaré de inmediato.

Lia siente un alivio inmenso. Llegó a ese lugar con los nervios destrozados y ahora, aunque no tiene la confirmación, siente que al menos ha dejado una buena impresión ante ella.

Ravenna, desde su asiento, observa la escena con un gesto cada vez más tenso. El instante en que Berenice le tiende la mano a Lia, como muestra de cortesía y reconocimiento, basta para que la molestia se refleje en su rostro.

—No te preocupes —susurra la asistente de Ravenna, inclinándose hacia ella—. No se arriesgaría a usar un diseño de una completa desconocida en un momento tan importante.

Ravenna asiente con frialdad. Sí, tiene razón. No puede ser de otro modo.

Terminada la primera exposición, Lia e Yvy recogen sus cosas y se retiran, dejando paso a la siguiente. Berenice se acerca entonces a Ravenna para ver su propuesta. Ravenna despliega su carpeta, explica con seguridad los detalles, muestra los bocetos y responde a cada pregunta con la soltura de quien está acostumbrada a impresionar.

Cuando termina, Berenice sonríe con educación y se despide con la misma formalidad que con Lia.

—Muchas gracias por tu propuesta, señorita Drayle. Cuando haya tomado mi decisión, llamaré para avisar.

El rostro de Ravenna se tensa. Su sonrisa se mantiene, pero palidece por dentro. ¿Por qué no la elige directamente? ¿Acaso está considerando a Lia? No, eso no es posible. No piensa permitirlo.

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