Diana dejó caer la cabeza hacia atrás contra el respaldo del sofá, cerrando los ojos apenas unos segundos como si intentara organizar todo lo que había ocurrido, pero la presencia de Edith frente a ella era imposible de ignorar, no solo por su energía, sino porque claramente no pensaba dejarla en paz hasta obtener respuestas.
—Ahora sí —dijo Edith cruzándose de brazos— habla.
Diana soltó una pequeña risa.
—Sabía que no me ibas a dejar tranquila.
—Jamás —respondió Edith con total naturalidad— as