Diana sentía su corazón golpear con fuerza contra el pecho. Cada latido parecía amplificado en el silencio. Sus manos, que al principio habían permanecido rígidas a los costados, ahora descansaban contra el pecho de Jeremy
— Sí, yo soy virgen — Fue la respuesta de ella, su voz era muy baja, como si tuviera miedo de incluso dar aquella respuesta.
Jeremy la miraba con una intensidad que la hacía olvidar cómo respirar y al escuchar lo que Diana dijoz sentía que la sangre de sus venas se disparan.