La residencia Ambrosetti estaba envuelta en una calma engañosa.
Era una de esas tardes silenciosas en las que los grandes pasillos parecían aún más amplios y los relojes de pared marcaban el tiempo con un sonido demasiado claro.
Margrot caminaba lentamente por el corredor del segundo piso.
Sus pasos eran suaves.
Elegantes.
Pero su mente estaba lejos de tranquila.
La conversación con Leopolda aún resonaba en su cabeza.
Debes ser paciente.
Margrot apretó ligeramente los labios.
Paciencia.
Esa pal