El despertar fue lento.
Confuso.
Pesado.
Diana sintió primero el frío.
Un frío distinto al de la noche en Inglaterra, más constante, más penetrante, como si se hubiera filtrado hasta sus huesos.
Luego… el peso.
Su cuerpo se sentía extraño, como si no le perteneciera del todo, como si cada movimiento necesitara un esfuerzo que no estaba acostumbrada a hacer.
Su respiración salió en un leve suspiro.
Sus párpados temblaron antes de abrirse.
Y cuando finalmente lo hicieron…
La realidad la golpeó.
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