El amanecer entró en la habitación de Diana sin suavidad.
No fue luz cálida ni promesa de un nuevo día. Fue un gris pálido filtrándose por las cortinas pesadas, como si incluso el sol dudara en iluminar aquel lugar.
Diana abrió los ojos con dificultad.
Algo no estaba bien.
Lo sintió antes de poder pensarlo. Antes de poder organizar cualquier idea coherente en su mente. Su cuerpo reaccionaba primero, como si estuviera enviando señales de alarma que su conciencia aún no alcanzaba a entender.
Un d