La mañana había avanzado lentamente sobre la Villa. Una ligera brisa movía las ramas de los árboles del jardín y el sonido de la fuente central llegaba suavemente hasta el interior de la residencia. Todo parecía tranquilo, pero aquella calma era engañosa. Porque mientras algunos corazones empezaban a sanar, otros estaban preparando una guerra.
En el despacho, Jeremy permanecía de pie frente a las enormes ventanas. Llevaba una camisa oscura y pantalones negros; una mano descansaba dentro del bol