La tarde caía lentamente sobre la Villa. El cielo tenía tonos anaranjados y dorados que se mezclaban con el azul suave del final del día. La luz entraba por las enormes ventanas de la habitación y pintaba reflejos cálidos sobre las paredes, sobre los muebles, sobre las cortinas que se movían suavemente con el viento.
La habitación estaba en silencio.
Un silencio tranquilo.
Uno de esos silencios que no resultaban incómodos.
Uno de esos que solamente podían existir entre dos personas que aprendie