C-04

Elena permaneció inmóvil durante varios segundos después de que Lily saliera corriendo entre sollozos, su pecho dolía, no por el corte en su dedo, sino por algo mucho más profundo, la manera en que su propia hija había apartado su mano… como si su contacto fuera molesto, como si la rechazara, el silencio en el pasillo se volvió insoportable.

Sebastian se incorporó lentamente, observando la dirección en la que Lily había desaparecido. Luego giró hacia Elena. Sus ojos oscuros se detuvieron en su rostro y, por primera vez en toda la mañana, pareció notar el verdadero estado en el que ella estaba, pálida, con los ojos brillantes, a punto de romperse.

—Ven conmigo —dijo finalmente, su voz era baja, firme.

No sonaba como una orden, pero tampoco dejaba espacio para negarse Elena no respondió. Sebastian se acercó y, con una suavidad que la desarmó, tomó su mano herida, ella se estremeció. No sabía si por el dolor del corte… o por el calor de sus dedos. La condujo hasta una pequeña sala privada junto a su despacho. Allí había un sofá de cuero, una mesa baja y un botiquín. Sebastian la hizo sentarse, luego se arrodilló frente a ella, ese simple gesto hizo que Elena contuviera la respiración.

¿Cuándo fue la última vez que él estuvo tan cerca? No podía recordarlo. Sebastian abrió el botiquín y sacó algodón, desinfectante y una venda, sus movimientos eran tranquilos, precisos, como siempre, como si tuviera el mundo entero bajo control, tomó su mano con cuidado. Cuando el algodón impregnado en alcohol tocó la herida, Elena soltó un pequeño jadeo.

—¡Ah! — Sebastian alzó la mirada. Sus ojos se clavaron en los de ella.

—Lo siento — Solo dos palabras. Pero dichas con una delicadeza tan inesperada que el corazón de Elena se apretó y durante unos segundos, ninguno habló, solo se escuchaba la respiración de ambos, el roce de la gasa, el leve temblor de Elena, finalmente, ella reunió valor, su voz salió apenas en un susurro.

—¿Cuándo regresó ella? — Los dedos de Sebastian se detuvieron por una fracción de segundo. Una pausa tan breve que cualquiera la habría ignorado, pero Elena la sintió.

—El mes pasado —respondió al fin.

Elena tragó saliva.

—¿El mes pasado…? — Elena endurece las facciones de su rostro. Un mes. Vanessa llevaba un mes en la ciudad, treinta días y él no se lo había dicho, su garganta ardió.—¿Y por qué nuestra hija la conoce?

Sebastian continuó vendando su dedo, sus movimientos siguieron siendo suaves, demasiado suaves, como si quisiera compensar algo.

—Una vez tú no estabas —dijo— y yo tenía asuntos urgentes en la empresa — Hizo una pausa. —Ella vino a buscarme… así que le pedí que cuidara a Lily un momento.

Elena lo miró fijamente, sentimientos contradictorios chocaban dentro de ella, una parte quería creerle, otra gritaba, quería preguntar muchas cosas, demasiadas.

¿Qué hablaron?

¿Por qué Vanessa fue a verlo?

¿Por qué regresó ahora?

¿Por qué Lily se encariñó tanto?

Pero había una pregunta que la consumía por encima de todas. Una pregunta que temía pronunciar.

¿Todavía la amas?

Sus labios temblaron, pero las palabras nunca salieron, no pudo, no soportaría escuchar la respuesta. Sebastian terminó de asegurar la venda alrededor de su dedo, sus manos eran cálidas, cuidadosas, ese tacto casi hizo que Elena se odiara a sí misma, porque por un instante, solo por un instante, quiso creer que todo estaba bien, que solo estaba imaginando cosas, que Vanessa era solo una vieja amiga, que su matrimonio aún podía salvarse.

Sebastian pareció notar la tormenta en su mirada, la observó en silencio, luego habló.

—No pienses demasiado — Aquellas palabras, lejos de calmarla, hicieron que su pecho doliera más.

Porque él siempre decía eso, no pienses, no preguntes, no sientas, solo acepta. Sebastian se puso de pie, cerró el botiquín.

—Esta noche tengo que atender a un cliente importante — Evitó mirarla directamente. —Probablemente volveré muy tarde, acuéstate temprano. No hace falta que me esperes.

Elena sintió un nudo en la garganta, otra noche, otra ausencia, otra excusa, antes de que pudiera detenerse, habló.

—¿Por qué? — Sebastian giró levemente.

—¿Qué? — Elena apretó su mano vendada. Su voz tembló.

—¿Por qué tus clientes de repente son cada vez más? — En ese preciso momento hubo silencio, ella siguió, porque ya no podía contenerse. —¿Por qué desde que engordé parece que cada vez tienes más trabajo?

Sebastian se quedó inmóvil, su expresión cambió, su mandíbula se tensó. Elena sintió miedo al instante, había ido demasiado lejos, su corazón comenzó a latir con fuerza. Sebastian dio un paso hacia ella, luego otro, hasta quedar frente a frente, su presencia era abrumadora.

—¿Qué quieres decir con eso? — Su voz era baja. Peligrosamente baja. Elena bajó la mirada.

—Yo…

—Habla, Elena. Los negocios han ido muy bien últimamente —continuó él—. ¿Acaso no es algo bueno? — Se inclinó apenas, sus ojos buscaron los de ella. —¿Qué te pasa?

Elena sintió que el arrepentimiento la golpeaba, quizá estaba siendo injusta, quizá realmente se había vuelto paranoica, quizá el problema era ella, su inseguridad, su miedo, su cuerpo, su reflejo, su voz salió rota, pequeña.

—Hace un momento…— Respiró temblorosamente. —Escuché lo que dijo tu madre.

El rostro de Sebastian cambió, toda la dureza desapareció, sus ojos se suavizaronny por primera vez esa mañana pareció verla de verdad, no como la señora King, no como la madre de Lily, sino como Elena, la mujer frente a él, herida, vulnerable, asustada. Su mano se elevó lentamente. Sus dedos rozaron su mejilla. Elena se congeló, hacía años, años desde la última vez su piel ardió bajo ese contacto.

—No te preocupes —dijo él. Su voz era profunda, casi íntima. —No nos divorciaremos.

Elena dejó de respirar, no nos divorciaremos, no era un “te amo”, no era un “solo te quiero a ti”, no era un “nunca te dejaré” y aun asi, esas cuatro palabras destruyeron parte de sus defensas. Sebastian retiró la mano, el calor desapareció, tan rápido como había llegado y eso dolió más, después él salió.

La puerta se cerró Elena quedó sola, sola con sus pensamientos, sola con sus dudas, sola con un vacío que parecía tragársela, sus dedos buscaron su teléfono casi por inercia, la noticia seguía allí, el mismo titular cruel, esta vez abrió los comentarios, miles, miles de personas hablando de su vida como si fuera entretenimiento, deslizó hacia abajo, entonces lo vio, un comentario con decenas de miles de “me gusta”, su sangre se congeló.

“¡El antiguo amor ha regresado! Espero que la gorda tenga la dignidad de irse y deje que los verdaderos enamorados vuelvan a estar juntos.”

Elena dejó de parpadear, sintió el estómago revolverse, sus dedos temblaron, siguió bajando, entonces apareció una fotografía, era reciente, muy reciente, tomada en algún evento de gala. Sebastian estaba allí, impecable en su traje negro, a su lado…

Vanessa.

Elena sintió que el aire abandonaba sus pulmones. Vanessa seguía siendo hermosa, demasiado hermosa, su figura era elegante, sofisticada, su sonrisa irradiaba seguridad, en la fotografía no había contacto íntimo, no se estaban abrazando, no se tocaban, pero parecían pertenecer el uno al otro, como si encajaran perfectamente en el mismo cuadro, como si el mundo entero estuviera de acuerdo en que así debían verse, una pareja perfecta.

Él, un hombre poderoso, elegante, deseado, ella, hermosa, refinada, radiante. Elena bajó la mirada hacia sí misma, su blusa holgada, su cuerpo pesado, su reflejo apagado en la pantalla negra del teléfono, las lágrimas comenzaron a caer, una, luego otra, sin hacer ruido, entonces su teléfono vibró, un mensaje entrante.

Remitente desconocido, sus dedos temblaron al abrirlo, solo había una foto.

Lily.

Su hija estaba sonriendo feliz, sentada en el regazo de Vanessa, sebajo, un mensaje, corto, cruel, devastador.

“Hola, Elena. Ha pasado mucho tiempo.”

Segunda línea.

“Creo que es hora de recuperar lo que siempre fue mío.”

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP