Reglas claras

Luego de esa última discusión con Harper, Austin comenzó a revisar las gráficas de los últimos meses, necesitaba concentrarse, su cabeza estaba a punto de explotar ante la insolencia de ella. Nunca nadie en su vida lo había desafiado tantas veces como ella. 

Él comenzó a revisar, pero no encontraba nada, los mismos documentos que había revisado por encima semanas atrás, habían desaparecido. Él abrió los ojos de par en par y tomó su teléfono sin esperar más y la llamó. Harper no tardó en entrar, casi que tropezando con sus pies. 

—¿Moviste mis documentos? —preguntó con un tono molesto—. Harper te acabo de preguntar algo. 

—Yo... yo solo estaba haciendo lo que siempre hago, organizo por proveedor, así me es más fácil encontrarlo. Adicional esa es la manera en la que lo manejabamos con el señor Hugo.  

—Harper, no soy mi abuelo. No puedes venir a cambiar mis cosas. Entiende algo, ¡Ya no estás trabajando con él, ahora estás conmigo! no puedes venir con tus maneras anticuadas de hacer las cosas. ¿Entiendes? 

Ella asintió con su cabeza, aunque por dentro solo podía pensar que lo estaba haciendo mal, eso para lo único que era buena: su trabajo. 

—Organizaré todo y te acoplarás a mis indicaciones, a mi manera de hacer las cosas. No seré yo quien deba acoplarse. Ahora retírate. —Él miró su reloj—. Puedes ir a tu hora de almuerzo, tal vez de esa manera puedas pensar bien que tus ideas de organización no son las mejores. 

Harper giró sobre sus talones y salió de allí. Durante su tiempo trabajando en esa empresa, era la primera vez que algo que hacía, le salía mal. 

El hambre había desaparecido, lo único que necesitaba para poder calmar esa sensación que tenía en su pecho era ver a su hermana. 

En el hospital Harper caminó por el pasillo de la unidad de cuidados intensivos, sintiendo que el vestido de diseñador que llevaba puesto era una mancha de vanidad en el lugar equivocado.

Al llegar a la habitación de Sofía, se detuvo frente al cristal, verla allí bajo las sábanas blancas y rodeada de máquinas que monitoreaban cada uno de sus latidos, le devolvió a Harper la razón de toda su existencia. 

Entró en silencio, el suave clic de sus zapatos de tacón fueron el único ruido que interrumpió el pitido rítmico del monitor cardiaco.

Se sentó en la silla junto a la cama y tomó la mano de su hermana, estaba tibia, pero frágil; Sofía seguía estable, aunque el coma inducido por la cirugía y el trauma la mantenían en un sueño profundo del que aún no podía despertar.

—Hola —susurró Harper, apretando sus dedos con suavidad.

Le fue inevitable no sentir un nudo en la garganta, Sofía no podía responder, no podía abrir los ojos, pero ella necesitaba hablar. 

Necesitaba que su hermana escuchara la verdad, o al menos, la versión de la verdad que la mantuviera con vida.

—Tienes que ver lo que ha sucedido conmigo —continuó Harper, intentando que su voz no temblara—. Si me vieras ahora, te reirías de mí, me han puesto vestidos que cuestan más que nuestra antigua casa y me han rodeado de gente que habla de millones como si fueran centavos.

»Dicen en las noticias que soy la mujer más afortunada del mundo porque me voy a casar con un poderoso CEO.

Harper soltó una risa amarga que se perdió en la habitación estéril.

—Cambiaría cada una de estas joyas, cada titular y cada lujo por verte despertar, todo este circo... Todo este sacrificio es para ti, Austin cree que me tiene bajo su bota, cree que puede comprar mi voluntad con su dinero, lastimosamente no puedo negarme, mi fuerza viene de ti.

Harper se inclinó hacia adelante, acercando su rostro al de su hermana, transmitiendo toda la voluntad que le quedaba en los pulmones.

—Sofia, necesito que luches, el doctor dice que estás estable, pero tienes que dar el siguiente paso... Sofía, te necesito, tienes que volver conmigo, si tú vuelves todo sería fácil.

»Me siento como si me estuviera convirtiendo en alguien que no reconozco para sobrevivir en su mundo, y solo tu voz podría recordarme quien soy realmente.

Harper le acarició el cabello, apartando un mechón de su frente con una ternura que Austin jamás conocería.

—Prométeme que te vas a recuperar —agregó Harper con la voz quebrada—. Cuando despiertes, nos iremos lejos, no importa cuanto poder tenga Austin o cuantos contratos me obligue a firmar; en cuanto estés sana, encontraremos la salida. 

El monitor cardíaco mostró una leve fluctuación, un pequeño pico en la gráfica que hizo que el corazón de Harper diera un vuelco. Fue solo un segundo, un destello de actividad cerebral, pero fue suficiente para darle la esperanza que necesitaba.

—Se ve mejor hoy —dijo el médico desde la puerta observando su transformación—. Sus signos vitales están respondiendo a los estímulos.

—¿Ella va a despertar doctor?

—Eso esperamos todos, hay que ser pacientes y esperar que todo evolucione a su favor —respondió el doctor y luego se retiró. 

—Adiós hermana, sé fuerte mientras que yo debo continuar con mi vida caótica, todo lo hago por ti, espero con ansias que logres despertar —una delgada lágrima rodó por la mejilla de Harper—. Por favor Sofia, vuelve. Te suplico que vuelvas.

Se puso en pie, se acercó a la cama y besó su frente, despedirse de su hermana era más que doloroso.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP