Mundo ficciónIniciar sesiónDos días después.
Harper estaba en la oficina de presidencia revisando la agenda cuando Austin entró, cerró la puerta con un golpe seco causando que Harper diera un pequeño salto.
Austin ni siquiera se molestó en saludar. La presencia de ella era insignificante para él.
—En un par de semanas se llevará a cabo un congreso importante, en donde debes viajar, el señor Hugo solía participar en él cada dos años. —Austin negó, él sabía que eso era solo para gastar y donar dinero a empresas pequeñas, algo que a él no lo beneficiaba en lo absoluto, especialmente si tenía que estar tanto tiempo con ella a solas lejos.
—Sé muy bien como es mi abuelo de intenso, seguramente buscará la manera en la que estemos solos, como una pareja de enamorados, así que antes de que se presente una de sus sorpresas anula cualquier reserva de viaje —ordenó con voz cortante, arrojando su maletín sobre el escritorio.
Harper levantó la vista, manteniendo una calma imperturbable.
—Por mí no hay problema Austin, todo lo contrario, no tengo el más mínimo deseo de pasar una semana con usted a solas. Estar cerca en otro ámbito que no sea el laboral, no es algo que quiero que suceda. Y yo sé que en ese viaje, tendríamos que pasar bastante tiempo solos.
Austin soltó una carcajada seca, despectiva y posterior a ello se inclinó sobre el escritorio, invadió su espacio personal con una mirada cargada de superioridad.
—Exacto Harper, los dos sabemos lo que busca mi abuelo es que seamos una pareja real, una pareja amorosa, no hay que ser adivino para darse cuenta de eso —musito con un tono peligrosamente bajo y despectivo—. Y la realidad es que yo jamás te tocaría.
»No eres mi tipo, ni aunque volviera a nacer podría fijarme en alguien como tú, disfruta del apellido y del dinero que salvan a tu hermana mientras dure, pero no te hagas ilusiones —sus palabras afiladas la lastimaban.
»Para mí... Sigues siendo la misma empleada a blanco y negro, aquella que no inspira ni el más mínimo pensamiento de deseo —aquella burla que había en el rostro de Austin hacía que Harper sintiera deseos de golpearlo.
Harper sintió el impacto de sus palabras, pero no parpadeó... Todo aquello se lo consumió dentro de su pecho; sostuvo su mirada fulminante con una dignidad firme.
—Me alegra que estemos de acuerdo, su acercamiento me causa la misma repulsión. Ahora, si ya terminó con su discurso de... —Harper soltó un gruñido tratando de impedir que salieran sus verdaderos pensamientos.
»Tenemos una reunión de presentación con los inversionistas en diez minutos, ellos se muestran inquietos con su nombramiento, así que trate de ser convincente con ellos.
La tensión entre ambos era casi tangible, Austin se retiró lentamente sin desviar la mirada de la suya.
—Perfecto... Antes de salir de esta oficina hay algo más, no podemos engañar a nadie si continuas hablando de la misma manera, ya no me hable de usted... A partir de ahora te refieres a mí de tú, y no hay negociación para que te rehúses.
Harper asintió levemente, no tenía palabras para responder, sí lo hacía era una humillación más, una que no estaba preparada para soportar.
Cuando entraron a la sala de juntas los inversionistas principales ya esperaban alrededor de la mesa.
Harper tomó una gran bocanada de aire, se preparó para mostrar su mejor cara, Hugo la había preparado para manejar ese tipo de situaciones, poder manejar el control de la situación con la profesionalidad que la caracterizaba.
Con voz firme y gestos seguros, Harper presentó a Austin como el nuevo CEO de la compañía, destacando su visión estratégica y la continuidad del legado Cooper.
Fue una presentación breve, precisa, Austin no podía creer la forma en que Harper se movía y se defendía frente a los inversionistas, sin adornos innecesarios, pero con la autoridad de una mujer preparada y capacitada para estar al frente de la empresa.
Cada vez que su mirada se cruzaba con la de Austin el aire parecía congelarse, más que los inversionistas, él fue el más interesado en escuchar sus palabras.
Austin, a pesar de su arrogancia mostró porque Hugo le había entregado el mando.
Frente a los inversionistas él se mostró como un hombre impecablemente organizado, astuto y con un control absoluto de las finanzas y los proyectos a futuro.
Respondió cada pregunta con una agudeza mental que disipó cualquier duda sobre su capacidad para liderar el imperio.
Los inversionistas no encontraron ningún punto débil en Austin, se mostraban confiados en continuar al lado de él en los negocios. La reunión fue un éxito rotundo.
Sin embargo, en cuanto el último inversionista cruzó la puerta y la sala quedó vacía, la fachada de Austin se desmoronó.
En lugar de celebrar el triunfo, se giró hacia Harper, se cruzó de brazos con una expresión inquisidora.
—El informe del tercer trimestre que pusiste en la pantalla tenía un desfase de dos días en las proyecciones de logística —reclamó, buscando desesperadamente un error para hundirla.
»Adicional, tu tono al principio fue demasiado pausado, no toleraré la incompetencia en mi equipo. Si vas a ser mi mano derecha en la empresa, camina a mi ritmo o te quedas atrás.
Harper guardó sus carpetas sin alterarse, acostumbrada ya a sus tácticas de intimidación.
—Las proyecciones se actualizaron esta mañana debido al cambio de aranceles, un detalle que debiste leer en el memorándum que te envié a primera hora —respondió ella, mirándolo con frialdad.
»Mi trabajo fue impecable... Deja de buscar errores donde no los hay solo para alimentar tu necesidad de control —Harper se defendió con argumentos, sin darle espacio a sus acusaciones.
El silencio volvió a reinar entre ellos durante el resto de la jornada, Austin se mostraba molesto y distante, mientras que ella simplemente buscaba soportar la arrogancia de Austin.
Al final del día, el cansancio se reflejaba en los hombros de Harper mientras caminaban hacia el ascensor que los llevaría al estacionamiento subterráneo para regresar a su nuevo hogar.
Austin la observó de reojo, aunque no quisiera admitirlo, Harper lo estaba sorprendiendo mucho más de lo que él llegó a imaginar. Ella era inteligente, era realmente buena en lo que hacía y eso era un reto para él.
Las puertas metálicas se cerraron, alejándose del resto del mundo. El indicador de pisos comenzó a descender lentamente.
Austin, impulsado por la rabia de no haber podido quebrarla durante el día, decidió cambiar de estrategia.
Una leve sonrisa se marcó en la comisura de sus labios; dio un paso hacia ella, acortando la distancia de manera abrupta.
Harper quedó de espaldas contra la pared de espejo del ascensor, Austin se inclinó, atrapándola sutilmente con su cuerpo.
Él utilizó esa cercanía provocativa y dominante con la que solía desarmar y someter a las demás mujeres que caían rendidas ante su masculinidad.
Su aliento rozó la mejilla de Harper, y sus ojos oscuros se fijaron en sus labios con una fijeza peligrosa.
Era una provocación deliberada, un intento burdo de recordarle quien tenía el poder y hacerla sentir vulnerable.
Harper, sin embargo, ni siquiera se inmutó, no apartó la mirada, no respiró agitada, ni mostró un solo rastro de timidez o incomodidad.
No mostró un solo rastro de descontrol por su cercanía.
Lo miró directo a los ojos con una indiferencia tan clara y cortante que desarmó el juego de Austin por completo.
Para ella, él no era más que un obstáculo impredecible.
El ascensor llegó al sótano con un sonido electrónico, las puertas se abrieron; Harper simplemente se deslizó por debajo de su brazo con total naturalidad, dejándolo parado solo en la cabina.
Caminó hacia el auto con paso firme, dejando a un Austin frustrado y consumido por la furia de darse cuenta de que, aunque llevaba su anillo en el dedo, no tenía el menor control sobre su mente.







