Mia estaba de rodillas en el piso del baño, se había desmoronado cual castillo de naipes frente a un huracán, y no solo porque el vestido de novia la aprisionara cual serpiente atrapando una presa, no, no era eso, era algo aún peor, algo que en solo unas horas en las que dejo su mente libre y predispuesta a soñar, la habían consumido como la marea carcome un castillo de arena a la orilla del mar, la verdad de sus sentimientos, escaparon de sus labios, como si el alma saliera de ella con esa con