La noche había caído con una suavidad engañosa sobre el hospital. Afuera, el cielo oscuro parecía envolverlo todo en una calma que no correspondía con la tensión que se respiraba dentro. Las luces artificiales mantenían los pasillos despiertos, pero había algo en el ambiente… una quietud contenida, como si todos aguardaran un desenlace.
Helen se encontraba en una de las salas privadas, de pie junto a la ventana. Sus brazos estaban cruzados sobre su pecho, no como un gesto defensivo, sino como