Isabella Romano
Luca corre por el parque con una sonrisa de oreja a oreja, llevaba ya tres semanas encerrado en el penthouse y necesitaba un respiro de aquellas paredes.
—Ve con calma, piccolo—le hablo a mi hijo
El ríe con emoción mientras se tropezaba con sus propios pies y caía de bruces al suelo. Niego mientras veía cómo se reía de su propia torpeza. Voltea a verme mostrándome sus dientecitos y yo solo sonrió mientras veía a mi alrededor.
Había aprendido siempre andar con la guardia en alt