Isabella Romano.
Oscuridad.
Eso fue lo primero que sentí: Una neblina que me rodeaba al punto de sofocarme, como si el aire en realidad pesara toneladas.
Camino descalza sobre el frío suelo, oyendo el eco de mis propios pasos al caminar. Las paredes que me rodeaban eran blancas, como si fueran de un hospital.
Estaba en un hospital.
Entró a la única habitación que estaba abierta y me paralizo al ver a Giulia sentada en la camilla, mirándome fijamente. Su piel estaba pálida, con el cabello s