Isabella Romano
Camino por el penthouse con una taza de café en mano. Eran las siete treinta de la mañana y me desperté en el momento en que Salvatore había abandonado la cama.
Camino por el pasillo del primer piso del penthouse y me apoyo en el umbral de la puerta del gimnasio. Salvatore corría en la cinta, vestido solo de unos pantalones cortos deportivos y sin camiseta. El sudor bajaba por su abdomen perfectamente marcado.
Muerdo mi labio inferior y le doy un sorbo a mi taza de café, mient