Isabella Romano.
¿Qué hice? ¿Qué mierda he hecho?
Esas dos preguntas rodeaban desde ayer por la tarde en mi cabeza, repitiendo una y otra vez, generando una culpa horrible en mi pecho.
Había aceptado el beso de Salvatore.
Salvatore me había besado.
Y yo lo había aceptado.
Tras besarlo, me encerré en la habitación para poder asimilar todo lo que había sucedido. Cene más tarde de lo habitual, para así no tener que compartir espacio con Salvatore.
Había besado al esposo de Giulia… Joder, va