El dolor no llegó como un golpe repentino, sino como algo que se instaló dentro de Valeria y comenzó a expandirse, ocupándolo todo, haciéndose insoportable con cada respiración. Su cuerpo apenas respondía, débil, tembloroso, mientras su mente permanecía atrapada en la misma escena una y otra vez, repitiendo la pérdida con una claridad cruel que no le daba tregua. Las lágrimas caían sin descanso, silenciosas al inicio, luego quebradas, desesperadas, porque no había forma de contener algo tan gra