Los días comenzaron a cambiar sin que nadie lo anunciara, como si el palacio entero se hubiera acostumbrado poco a poco a una nueva realidad en la que Lyria ya no era una duda ni una presencia incómoda, sino una figura que ocupaba su lugar con naturalidad, con una seguridad que antes no tenía y que ahora parecía nacer de algo más profundo que la simple apariencia.
Y en medio de todo eso…
estaba él.
Edrion.
Las mañanas dejaron de ser frías cuando despertaba a su lado, envuelta en su calor,