La habitación del rey estaba iluminada por velas bajas cuando la puerta se abrió sin anuncio.
Edrion no levantó la vista de los documentos que revisaba.
—Entra.
Lady Valeria de Armandelle cerró la puerta con suavidad, el sonido apenas un susurro contra la madera tallada. Vestía seda oscura que caía como agua sobre su figura, y su perfume llenó la estancia antes de que sus pasos alcanzaran el centro de la habitación.
—Majestad.
Él dejó el pergamino sobre la mesa.
—No es hora de visitas oficiales