Rowan entró en sus aposentos pasada la medianoche.
La puerta se cerró en silencio tras él, y durante un instante ninguno habló. La tensión entre ambos era distinta ahora, más pesada, más peligrosa que antes.
—Estás jugando demasiado cerca del fuego —dijo él finalmente, sin saludo.
Lyria permaneció sentada frente al tocador, las velas iluminando apenas su perfil.
—No fue mi intención señor.
Rowan avanzó unos pasos.
—¿Que fue lo que le dijiste al rey para que nos encerrara a todo?
Él se aproximó