El miedo golpeó a Elinor con tanta fuerza que por un instante dejó de poder respirar con normalidad. La mano de Edrion seguía aferrada a su cabello, obligándola a mantener la cabeza levantada mientras esos ojos claros la atravesaban con una intensidad capaz de destruir cualquier mentira antes incluso de escucharla por completo. Ya no quedaba rastro de la suavidad que había mostrado antes ni del hombre que la había abrazado frente al trono como si regresar a ella hubiera sido lo único que lo man