Eduardo
Se quedó quieto, inmóvil, mirando la puerta que Vivian acababa de cerrar tras de sí.
Las palabras de ella resonaban en su cabeza como un disparo: cortas, frías, definitivas.
—Voy a divorciarme de ti. De una forma u otra.
Durante unos segundos, simplemente… no respiró.
Era como si el suelo hubiera desaparecido bajo sus pies. El silencio de la habitación pesaba sobre sus hombros, asfixiante, mientras el sonido lejano de la fiesta se convertía en un zumbido indistinto.
Cuando por fin logr