Vivian
Vivian estaba sentada en la mesa principal de los Braga, el lugar que siempre le parecía el más sofocante. Allí estaban reunidos los parientes mayores, aquellos que cultivaban una antipatía casi declarada hacia ella. Las miradas críticas, los susurros velados, la sensación constante de ser evaluada como quien examina una pieza defectuosa en medio de un conjunto de reliquias.
Y, para empeorar, Eduardo no estaba allí. Se había apartado con el pretexto de que necesitaba tomar aire. Eso ya h