Vivian
Aún quedaba una chispa de esperanza, una última terquedad del alma que se negaba a aceptar el final.
Si él dijera que la extrañaba, que le importaba, que disfrutaba de su compañía —aunque mintiera— tal vez eso sería suficiente.
Pero la respuesta llegó fría, seca, calculada:
“Porque es conveniente.”
Conveniente.
La palabra resonó como un golpe en el pecho.
Él no la quería, no la amaba, no la extrañaba. Todo no era más que una jugada estratégica: ahora quería asegurarse de que la familia