Eduardo
Fue criado para mantener el control —personas, negocios, emociones—.
Pero aquella noche, ni siquiera su propia respiración parecía obedecerle.
Desde que vio a Vivian entregar el regalo de Matheus a su abuelo, los celos se le clavaron en la garganta como una espina.
No tenía derecho a sentirse traicionado —ella no le debía nada, y en poco tiempo ambos estarían separados para siempre—, pero eso no importaba.
Era irracional, vergonzoso, y aun así lo dominaba por completo.
En los últimos d