Nunca pensé que un vestido pudiera pesar tanto.
No en el cuerpo.
En el pecho.
El espejo me devuelve una imagen que reconozco y no reconozco al mismo tiempo. El vestido cae como si hubiera sido creado para mí —porque lo fue—, verde profundo, elegante, sobrio, poderoso. La tela abraza mis curvas con una seguridad que yo todavía no termino de sentir.
Respiro hondo.
Hoy no soy solo Isabela.
Hoy soy la esposa de Gabriel Moretti.
Y eso… eso cambia todo.
Siento el movimiento detrás de mí antes de verl