Isa
La casa empieza a vaciarse poco a poco.
Escucho puertas cerrarse, pasos alejándose por el mármol, murmullos apagados que se disuelven en el silencio. La mansión Moretti, que hace apenas una hora estaba llena de voces, tensión y estrategias, vuelve a sentirse enorme… demasiado grande para solo dos personas.
Para nosotros dos.
Estoy de pie junto a la ventana del salón, con los brazos cruzados, mirando sin ver el jardín perfectamente cuidado. Mi cabeza sigue llena de imágenes, de nombres, de p