Isa
Abro los ojos despacio, como si mis párpados fueran de piedra. Un zumbido cálido me atraviesa la cabeza antes de que el dolor llegue, nítido, punzante, justo en la sien izquierda. Todo está borroso al principio: las luces blancas, el olor a desinfectante, la sábana áspera bajo mis manos temblorosas.
Un hospital. Aún estoy en el hospital.
Trago saliva con dificultad, intentando ordenar mis pensamientos. El golpe. La calle. El carro frenando demasiado tarde. La gente gritando. Un rostro… uno familiar.
Adrián.
Y con ese nombre me arde la piel. Todo vuelve de golpe. Sus manos en mi rostro. Su voz, suave e intensa, diciéndome que no me había olvidado. Y luego… su boca sobre la mía.
Me llevo los dedos a los labios como si pudiera borrar el recuerdo, pero lo único que logro es que mi pecho se contraiga todavía más. Porque aunque me duela admitirlo, ese beso me llevó al pasado, me hizo recordar todo: Las risas, las caricias, las promesas y… lo que es sentirse querida.
Pero también el dolor